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Mediación familiar


La mediación familiar parte de un presupuesto inicial: las familias tienen sus propios recursos para tomar sus propias decisiones (Bolaños, 1996).

Es difícil encontrar una definición que pueda englobar todo lo que implica el proceso de mediación, aunque podría concretarse que la mediación familiar es un procedimiento voluntario que persigue la solución de los conflictos surgidos en su seno, en el cual uno o más profesionales cualificados, imparciales, y sin capacidad para tomar decisiones por las partes, asiste a los miembros de una familia en conflicto con la finalidad de posibilitarvías de diálogo y la búsqueda en común del acuerdo.

Hay que resaltar de esta definición el papel del mediador, como persona imparcial y neutral, que no es protagonista del proceso de mediación

El proceso de mediación:

Las negociaciones pueden tener lugar cuando las partes en una disputa han reconocido su existencia, acuerdan la necesidad de resolverla, y se comprometen activamente enun proceso diseñado para solucionar la misma.

Hoy en día, podemos darnos cuenta del gran número de problemas que tienen queafrontar las familias: desempleo, separaciones, problemas de comunicación con loshijos, problemas de comunicación con la pareja, violencia doméstica…, y todo ello va paralelo a los cambios que se producen en nuestra sociedad y en la estructura familiar, dejando paso la familia extensa a la familia nuclear y la familia monoparental.

La mediación como proceso que facilita la comunicación entre personas que están en conflicto intenta mostrar un camino hacia la solución de los problemas.

En demasiadas ocasiones, vemos a las partes más preocupadas en negociar entérminos ganar o perder, que se olvidan de las personas que sufren las consecuencias de esta negociación y que la esencia de este proceso es, precisamente, descender de los deseos y hacer incapié en las necesidades ( del “quiero” al “necesito”).

Nuestra sociedad muestra graves problemas de comunicación, de diálogo, que dejan paso en demasiadas ocasiones a la crispación. Nos falta tiempo, nos falta un espacio y el lugar adecuado para hablar, escuchar, para entenderse.

Los mediadores ofrecemos el espacio para que esa comunicación fluya.

Cuando las partes solicitan el servicio de mediación, esperan en el fondo obtener los mismos resultados que en cualquier otro proceso, es decir todo esta contextualizado demanera dicotómica: ganar o perder.

Resulta difícil pensar que no existe un ganador y un perdedor, cuando estamos demasiado acostumbrados a querer ser los mejores, a ser competitivos, a dominar, atener el poder.

Un ejemplo de los muchos registrados en la historia y literatura sobre la retórica del ansia de poder lo tenemos en la “fábula del lobo y del cordero” de Fedro (Lupus et Agnus):

    Acosados por la sed llegaron a cierto arroyo un lobo y un cordero. Púsose a beber éste en lo más bajo de la corriente; aquél, por lo contrario, fuese a lo más alto.
«¿Por qué has enturbiado el agua mientras yo bebía? dijo el lobo, buscando así un pretexto de rifia.
    -¿Estás loco? repuso el inocente cordero; si el agua corre hacia mí desde donde tú te encuentras; ¿cómo, pues, he de enturbiarla yo?»
    A tal argumento hubo de callar y morderse los labios nuestro lobo. Pero reponiéndose un tanto, dijo al poco:
    «Pues has de saber que hace seis meses me llenaste de injurias.
–¡ Seis meses!.... contestó el infeliz cordero; ¡pues si no tengo más que cinco!
    –Bien; entonces sería tu padre...» , y arrojóse sobre su codiciada víctima y la devoró.

La fábula anterior nos provee de ciertos indicios para descubrir la conducta del que quiere mantener su supremacía de poder. Quien lo hace: busca ante todo legitimarse; si la legitimación o argumento son rebatidos, intenta hacerlo de nuevo, aún sin razón; intentará sostener lo insostenible.

El lobo intenta justificarse ante los argumentos válidos del cordero; ahí es cuando se vuelven más claras sus intenciones: no escucha los argumentos de la otra parte, bien sabe que el cordero lleva razón, aun así, intentará justificarse.

Hay que ser muy cuidadosos: la conducta del lobo no es una simple necedad o el deseo legítimo de influir en la otra parte. 

El mediador sabe que en muchas ocasiones, aunque equivocada, es sincera la postura inamovible de las partes. 

Generalmente están acostumbradas a ganar o perder, el todo o nada; a simple vista parecen personas necias, simplemente. La conducta del lobo es diferente: Para devorar al cordero, el lobo recurre a un casus belli, es decir, trata de convencer, al cordero y a nosotros, que se come al cordero porque ha cometido una injusticia contra él: primero que le enturbia el agua, posteriormente que habló mal de él, finalmente, a falta de argumentos y ante la imposibilidad del acusar al cordero de insultarlo ya que aún no nacía al momento de la injuria, sostiene entonces que la injuria fue hecha por el padre del cordero y lo ataca.

El lobo pretende legitimar sus acciones basado en un argumento de injusticia, esa es la causa que justifica su guerra: la injusticia del cordero.

Entonces es cuando entra en juego la cultura de la mediación, realizando unamediación tras otra. Mostrando a las partes que el conflicto que les atrajo, puede versedesde un prisma diferente, es el paso de las posiciones a las necesidades.

El modelo Narrativo de Sara Cobb pone énfasis en la comunicación y en la interacción de las partes. Focaliza su trabajo en las narraciones de las personas. Se basa en que para llegar a acuerdos las partes necesitan transformar el significado de las historias conflictivas , motivo por el cual llegan a mediación, de tal manera de quedar mejor posicionadas y poder salir de sus planteamientos iniciales.

De este modo, podremos escuchar y comprender qué es lo que me dice el otro, cambiar nuestra actitud de cara al conflicto y conseguir una mayor amplitud de alternativas de solución del mismo.

Pasaremos del vencedor y el vencido, del fuerte al débil, del ganador y del perdedor, aunar igualdad de condiciones para hablar y para ser escuchado, para ser valorado, para expresar nuestros derechos y que se tengan en cuenta.

Enrique Gallego

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